Sembrando en el mar: el repoblamiento de especies marinas en Quintay

Por Marcelo Contreras

Los restos óseos de una ballena descansan en la explanada del Centro de Investigación Marina de Quintay (CIMARQ) a modo de bienvenida y recordatorio. En estas instalaciones, entre 1943 y 1967, el ser más majestuoso que habita los mares era procesado tras su brutal captura. Tecnología e industria enfrascados para explotar lo máximo posible cada ejemplar, y así obtener carne, grasa, harina y aceites. Hoy, el centro perteneciente a la Universidad Andrés Bello también se valida a través de la tecnología, pero su uso está en las antípodas del exterminio.

Es aquí donde se trabaja un proyecto que ya suma dos décadas, con la intención de repoblar especies que necesitan un respiro en medio de la explotación, junto con traspasar ese conocimiento a los pescadores de Quintay, caleta centenaria y legendaria. A distancia de su bitácora ballenera con rastros de sangre y grasa que contaminaban sus aguas y olores nauseabundos, hoy es un reducto de hombres de mar, uno de los atractivos turísticos más reconocidos de la costa de la región de Valparaíso, y un sitio de investigadores y alumnos de la Andrés Bello.

‚ÄúHay que ser justos y no juzgar con estos patrones actuales‚ÄĚ, comenta el director de CIMARQ, doctor Juan Manuel Estrada, sobre el pasado de Quintay. ‚ÄúLos balleneros eran h√©roes para esta comunidad. En ese entonces la Corfo y el estado destacaban dos polos en la regi√≥n, Puchuncav√≠ y la ballenera‚ÄĚ, ilustra el doctor, respecto de c√≥mo han cambiado los tiempos en cuanto al valor de determinadas industrias.

Para el acad√©mico UNAB, los pescadores son trabajadores expuestos a un severo sacrificio, incluyendo largas horas en el mar bajo inclemencias y la posibilidad latente de zozobrar. El doctor habla por experiencia propia. ‚ÄúMe he dado vuelta en un bote. Es un trabajo para valientes‚ÄĚ, ejemplifica.

El Centro de Investigaci√≥n Marina Quintay (Cimarq) es un n√ļcleo de investigaci√≥n y formaci√≥n acad√©mica, donde antes operaba una ballenera.

La alianza entre esta l√≠nea investigativa del centro con los pescadores de Quintay est√° lejos de miradas rom√°nticas y asistencialistas. Estrada considera que son clave en la cadena alimenticia nacional. ‚ÄúEl 80% de los chilenos que comemos pescado, los proveedores son ellos. Reinetas, jureles y otros son productos con alt√≠simo valor nutricional, y esenciales para el desarrollo del cerebro de los ni√Īos y para el aspecto cognitivo en el caso de los adultos. A los pescadores les debemos salud y hay que cuidarlos‚ÄĚ, puntualiza.

Paciencia con las ostras

Mientras el viento arrecia en una ma√Īana nublada, observamos erizos en crecimiento en un estanque en Quintay junto a Pablo Oyarz√ļn, investigador del CIMARQ y director de la carrera de Biolog√≠a Marina de la Universidad Andr√©s Bello. Al profesor Oyarz√ļn le saca una sonrisa la analog√≠a de ‚Äúsembrar en el mar‚ÄĚ, pero hace precisiones.

‚ÄúTiene que ver con eso, aunque no exactamente. La acuicultura, as√≠ como la agronom√≠a en la tierra, siembra en el agua. Pero esto es sembrar para los dem√°s, no para una empresa, sino para que el ecosistema se mantenga. En otros pa√≠ses est√° subvencionado fuertemente en algunas especies en particular. En Chile se da a trav√©s de proyectos de investigaci√≥n, como la siembra de erizos que hacemos ac√°‚ÄĚ.

El profesor Oyarz√ļn cuenta que se cr√≠an en Quintay porque son de la zona, subrayando la imposibilidad de repoblar con una especie ajena. ‚ÄúNo queremos introducir una nueva especie, no puedes tomar cualquiera y lanzarla al agua. Tiene que ser de importancia para la sociedad, en este caso para Quintay, y tenemos que poder manejarlo, cultivarlo antes en los laboratorios, y ser relevante para el ecosistema‚ÄĚ.

El sentido del repoblamiento, cuenta Pablo Oyarz√ļn, es lograr un recurso marino que perdure en el tiempo en una d√©cada como esta, donde el concepto de sustentabilidad es protagonista. ‚ÄúNecesitamos estos recursos como alimento, pero debemos extraerlos hasta cierto punto y hacer algo para que no sean sobreexplotados. Podemos restringir o sacar en determinada √©poca, pero tambi√©n podemos aportar biomasa al sistema. Eso es el repoblamiento‚ÄĚ, se√Īala.

El profesor Oyarz√ļn se entusiasma cuando habla de las ostras. ‚ÄúSon fant√°sticas‚ÄĚ, sentencia, junto con apuntar que se trata de un producto con categor√≠a gourmet en todo el mundo. ‚ÄúNosotros manejamos el ciclo de la ostra, por lo tanto lo podemos cultivar en el laboratorio‚ÄĚ, cuenta mientras ingresamos a una sala de estanques con ostras en distintas etapas de crecimiento.

A simple vista, son todas min√ļsculas. Sin embargo, algunos cultivos ya suman dos a√Īos. En rigor, lo que el profesor experimenta en esa √°rea, tiene que ver con los colectores para anidar las ostras. Algunos son naturales, como valvas de cholgas, otros son rejillas o piezas semi c√≥nicas de pl√°stico. Decenas, sino cientos de peque√Ī√≠simos moluscos de la especie, se adhieren a cada uno de esos elementos.

-Este cultivo, ¬ŅCu√°nto tiempo toma finalmente?

He probado mariscos en varias partes del mundo y dir√≠a que como los nuestros no hay. Son m√°s sabrosos. Eso est√° fuertemente relacionado con nuestras condiciones marinas, entre ellas la temperatura. A la vez, produce una desventaja, porque la gran mayor√≠a de nuestros recursos marinos crecen muy lento. A qu√© voy: una ostra comestible demora entre cuatro y cinco a√Īos. Bajo esa condici√≥n, no es mucho negocio. Por lo mismo, buscamos herramientas que nos permitan mejorar esas tasas de crecimiento.

Locos con los locos

El doctor Estrada sentencia que estas investigaciones y el involucramiento de los trabajadores de la caleta de Quintay no pretende ‚Äútransformar a los pescadores artesanales‚ÄĚ, sino traspasar estos conocimientos. Ese pase se denomina ‚Äútransferencia tecnol√≥gica‚ÄĚ.

‚ÄúNo basta con realizar investigaci√≥n y desarrollar tecnolog√≠a‚ÄĚ, acota el doctor. ‚ÄúHay que preparar un paquete tecnol√≥gico id√≥neo para ser transferido a los pescadores artesanales‚ÄĚ. ¬ŅC√≥mo se aterriza esto? Mediante cursos, capacitaciones, y la permanente interacci√≥n que se da entre los hombres de mar y el CIMARQ. Los pescadores utilizan sus instalaciones para reuniones y aprendizajes, en un ambiente donde hay acad√©micos y estudiantes de pre y post grado.

Javier √Ālvarez, presidente del Sindicato de Pescadores Artesanales de Quintay SIPACQ, confiesa que por d√©cadas desconoc√≠an las distintas etapas de gestaci√≥n y desarrollo de los productos que sacan del mar. ‚ÄúNosotros nos preocupamos de extraer, pero no ten√≠amos conocimiento de c√≥mo se reproduce el erizo, por ejemplo. Hoy en d√≠a los compa√Īeros tienen ese saber‚ÄĚ, se√Īala.

El l√≠der de los pescadores rememora los yerros del pasado, cuando la ambici√≥n casi acaba con uno de los productos m√°s preciados de nuestras costas. ‚ÄúLa primera √°rea de manejo en Chile fue la caleta de Quintay. Entonces, ¬Ņqu√© pas√≥? En ese tiempo, hace m√°s de 20 a√Īos, ten√≠amos mucha cantidad de locos y nos volvimos locos y saquemos, saquemos, hasta que empezaron a llegar los botes vac√≠os. Y eso fue a causa de agarrarle el gustito a las monedas, ver cantidad, y no el error que est√°bamos cometiendo‚ÄĚ, reconoce.

A pesar de lo dura que es la vida de los pescadores, Javier √Ālvarez cuenta que hay un recambio generacional tras adoptar algunas medidas que permitieron el ingreso de nuevos socios. Junto a eso, destaca que la relaci√≥n con la Universidad Andr√©s Bello va m√°s all√° del trabajo y aprendizaje junto a CIMARQ, gracias a becas para hijos y nietos de los pescadores, lo que ha derivado en v√≠nculo estrecho entre las partes.

Desde el gobierno regional, Carlos Cubillos, profesional de la unidad de innovaci√≥n, divisi√≥n de planificaci√≥n, cuenta que el GORE dispuso 135 millones de pesos para la labor del CIMARQ con los pescadores repoblando especies. Por supuesto, no solo se facilita el aporte, sino que se hace un seguimiento al proyecto mediante peri√≥dicos informes t√©cnicos y financieros, m√°s visitas a terreno. ‚ÄúNosotros como financistas queremos ver el bien final, c√≥mo llega a los pescadores artesanales este trabajo‚ÄĚ, apunta. Cubillos destaca la calidad de los informes de la Andr√©s Bello y las publicaciones ad hoc lideradas por el doctor Estrada. ‚ÄúSon referencia en el tema y para el pa√≠s. Ha sido un gusto trabajar con ellos‚ÄĚ, asegura.

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Si un recurso marino est√° en v√≠as de extinci√≥n, la √ļnica soluci√≥n parec√≠a ser la veda. Pero existe una l√≠nea de trabajo del Centro de Investigaci√≥n Marina de Quintay de UNAB que apuesta por el repoblamiento. Si hay semillas que siembran la tierra, tambi√©n hay semillas para el mar. Erizos, ostras y algas se desarrollan en la caleta, y los pescadores aprenden junto a investigadores de la universidad c√≥mo dar nueva vida al oc√©ano.
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